sábado, 16 de febrero de 2013

ORINOCO, IRÓNICO Y ONÍRICO / Régulo Pérez




REGULO PEREZ nació en Caicara del Orinoco en 1929. Pintor y dibujante, la obra de este artista está dominada por un agudo sentido de crítica social y una profunda necesidad de comunica­ción. "Al visualizar los contenidos de un tiempo y un país, Régulo se convierte en un extraordinario comunicador, y su pintura que­da dominada (y engrandecida) por esta función", ha dicho Roberto Guevara. Régulo colabora desde muy joven en innumerables pu­blicaciones, como ilustrador y caricaturista, desde "Fantoches" y "El Morrocoy Azul" en los años 40 y 50, hasta "El Sádico Ilustrado" en los 80. Actualmente se mantiene como caricatu­rista permanente del diario "Ultimas Noticias". Fue activador y participante de movimientos fundamentales del arte venezolano como El taller libre de arte (1948-51) y El pez dorado (1965-67). Recibió el Premio Nacional de Dibujo (1960), el Premio Nacional de Pintura (1967). Entre 1987-89 fue Presidente de la Asociación Venezolana de Artistas Plásticos.
Los años vividos en Caicara del Orinoco marcaron de modo de­finitivo el temperamento del artista, como posteriormente lo evidencia gran parte de su obra pictórica. En Orinoco, irónico y onírico, Régulo cuenta sus vivencias en Caicara con extraordi­naria gracia y sentido del humor. De niño, Régulo paseaba con su padre a orillas del río Orinoco, viendo al atardecer las im­presionantes puestas de sol y grabando, con un palo sobre la arena, insólitos grafismos. El mundo selvático lo impresionó profundamente: desde las interminables proyecciones de las pe­lículas de Frizt Lang en plena selva, hasta las insólitas apari­ciones de figuras, fantasmas o animales como la de un burro incendiado que, semejante a la jirafa de Dalí, escapó corriendo enloquecido por las calles del pueblo, perseguido por todas las gentes para apagarlo. Todo esto y mucho más podrá leerse en este fantástico libro.

domingo, 10 de febrero de 2013

LA CASA EN LLAMAS / Milagros Mata Gil




Con La casa en llamas, Milagros Mata Gil, caraqueña, nacida en 1951, pero hondamente enraizada en la vida del sureste del país, obtuvo el premio de narrativa (1987) que otorga FUNDARTE. 
La casa en llamas es sin duda una novela que encantará al lector desde su primera página por la forma directa, precisa y segura con la cual la autora nos cuenta su anécdota; y es esto. sin duda, lo que aprecian los lectores de ficción. Quien tome este libro en sus manos disfrutará de una novela escrita con maestría ya que las palabras fluyen con certeza y la pluma de su autora recorre serenamente la página en blanco para conformar una vigorosa escritura. Gracias a ella, Milagros Mata Gil logra comunicarnos con veracidad la apasionada historia de La casa en llamas, grata de seguir tanto por los modos de su concepción como por la manera de construir esta evocación. La casa en llamas da cuenta de una historia vista con ojos de mujer: la peripecia del vivir de una criatura que fue hija "del miedo y la impostura". Tal relación no podía preservarse sino en el espacio de la fábula narrativa la cual es la única que nos permite retener las resonancias de la memoria. Y ello es así pues sólo mediante el exorcismo verbal, que posibilita la literatura, podemos. como se lee en La casa en llamas. desnudarnos, ocultarnos, enmascararnos.  Milagro Mata Gil es Profesora egresada del Instituto Pedagógico (1972). Ha ejercido durante largo tiempo el periodismo, labor que la  ha vinculado al diario "Antorcha" de El Tigre, Estado Anzóategui. Ha cultivado, además de la narrativa,            el ensayo y la investigación reconocimientos literarios, entre literaria. Ha merecido diversos premios, entre ellos, los premios "Fernando  Pessoa" (1986), Casa de la Cultura de Maracay (1986), "Cuento Juan         , Rulfo" (1988), el Internacional Novedades-Diana, México (1988) y , "Planeta" (1989) por su novela Memorias de una antigua primavera. Ha publicado Estación y otros relatos (1986). La casa en llamas es su primera novela.
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viernes, 1 de febrero de 2013

VENTANA AL SOL / Iris Aristeguieta




“VENTANA AL SOL”
Iris Aristeguieta, nombre que se remonta a un pasado culturalmente denso, de severa re­ligiosidad, está aquí de vuelta con nosotros, retornando de la aventura más allá del Río, y nos ha traído con la serenidad que insufla el tiempo y la fructificación, este tercer libro de las vivencias más profundas de su ser ontológi­co.
Libro afiliado a la poesía como su pintu­ra, que busca en el encuentro con cada ama­necer la pasión de la luz que se cuela por los intersticios del alma de una sociedad imprede­cible.
Es el tercer libro de un largo camino que ya cuenta decenios, camino de polvo o lluvia que ha soportado grandes tributos y resistido enrevesados y atronadores raudales. En el que se decanta el tiempo de la mujer que ha queri­do vivir muchas veces de rodillas en los altares invocando lo que está más allá del ingenio fi­losófico y otras veces de pie como profana de los atrios donde se duda antes de intentar pe­netrar los insoldables misterios de Dios.
Es el tercer libro de la mujer que invoca la luz en la torre más alta y sólo acepta la ab­surdidad si ésta contiene respuestas luminosas. Mujer tal vez con alguna penumbra en su existencia que la ata en medio de sus ansias por una libertad más pura y sin fronteras.
Y hay en ese libro un hijo que debe re­sumir todos sus hijos o los hijos de la humani­dad entera porque cuando falta es como si el mundo quedara desolado y nunca los desam­para y con ellos cabalga sobre el potro del amor y también sobre el potro de la ira cuan­do los caminos son polvorientos y conducen a una bucólica opulencia que agoniza entre en­gaños y escombros. Entonces emergen como panes sembrados en la tierra los niños maci­lentos que le suscitan la pregunta sin respues­ta, donde está Dios o los guerreros o los caba­llos que atraviesan sin freno las montañas.
La tiza del alba raya su corazón de en­fermera que como la bella y hermosa Florence Nightitigale pretende impotente sanar las he­ridas de la guerra, o de esa otra guerra sin sal ni azufre que es el hambre de "los reyes del polvo y de la lluvia, de la acera solitaria o del periódico en la mano".
El amor está allí indudablemente en una de sus variadas maneras porque también nos lo hace ver en forma de chubasco azotándola en el balcón hasta el rechazo, amor que tam­bién puede eternizarse hasta el punto de obligarla a volver de rodillas tiempo después de su muerte. Hay un amor encendido en muchos de sus versos, un amor tal vez de hoguera o como canta Neruda, "de espadas y espinas abriendo en su corazón un camino quemante".
En fin, la poesía de Iris es una poesía que ha madurado su sencillez sin perder la se­renidad y el vigor del paisaje que le sirve de contexto vivencial.
Américo Fernández
Prólogo-1990


Poesías
Guayana es un nombre mágico, evoca leyendas ricas y dramáticas. Sugiere en la mente de los viajeros mil planes para realizar.  A la par del frenesí económico e industrial, se prepara para el movimiento cultural y social y la conjunción total de estos valores nos dará la imagen anhelada.
Y así como los proyectos de industrialización andan de boca en boca, así también un nombre .de poeta joven corre en los círculos artísticos del Estado y la Nación. En nuestras manos poemas de Iris Elena Aristeguieta nos llevan de nuevo a una misión casi olvidada: el comentario estético. Vamos a referirnos al mundo poético de Iris Elena, poesía en donde las imágenes son sacadas del mundo que les rodea y su primer acierto: "pero aquí sobre este río jinetean las míseras barcas que ostentan en su velamen cicatrices mal cosidas". El Orinoco será en  todo momento su más fuerte estímulo. Ella nació y siguió contemplando en las largas tardes crepusculares, cómo las atarrayas rasgaban el aire en busca de quietudes finita y por eso dice: "mis manos abstraídas lancen redes a las horas que circundan".
Esto en cuanto al mundo sensorial de la poesía de Iris Elena, que la coloca dentro de una tendencia nacionalista. Pero no se queda allí esta poesía. El mundo emotivo de Iris oscila entre una suave intimidad y ansia universalista. Ese intimismo poético la lleva a expresiones como: "me está durmiendo el recuerdo en las cuencas de mis ojos y tú en l paisaje a creyón.
Mujer de su tiempo se angustia ante la posibilidad de una destrucción total y con voz de dulce protesta  exclama: "no hay tiempo para los sueños ni tiempo para los goces", su sensibilidad social irrumpe contra "las dudas" y "los engaños", contra "las noches en ruinas" y "los escombros de voz" y por eso dice que ni ella ni nadie "puede amar el silencio que carcome
Las entrañas".
Hay también todo un mundo de emociones amorosas en toda la poesía de Iris Elena; ella sigue ver­tiginosamente el camino de las grandes poetisas del Sur. El mundo amoroso de Iris va desde "el manojo de besos que la circundan" hasta las más fuertes pasiones, como: "El insomnio del amado en sus ojos para que con su vigilia salvaje atraviese sus puntas”-
Su poesía en veces recuerda la lírica griega pasional en otras parece el arpa nacional que gime y palpita cuando los dedos del amado pulsan su universo genial e inigualable.

Profesor José Simón Escalona

Ciudad Bolívar 1959Poesías





miércoles, 23 de enero de 2013

ENTORNO DE UNA EXISTENCIA / Camilo Perfetti




Liminal
Creía que después de Percepciones Existenciales no habría otro libro. Sin embargo, con Entorno de una Existencia, el primero pasa a ser en vez de último, penúltimo, gracias a que el hombre no quiso detenerse en el presente sino que reanudó su diálogo hurgando en lo profundo del pasado, de donde rescata del olvido a su ascendiente más lejano venido de ultramar como tantos europeos del Mediterráneo deslumbrados por el río que guarda los arcanos del albóreo Amalivac
Su más lejano ancestro, instalado en tierra orinoquense, era un Barbot que manejaba bien las tijeras y confeccionaba trajes a la medida. Y un día, entre flechas y rosas, el Barbot se mezcló con el Labadie y una descendiente Barbot-Labadie con un Perfetti Massei que casi difumó el destino del primer apellido para darle primacía en el tiempo al Perfetti, multiplicado tantas veces conforme a los principios del linaje de la procreación sin que haya podido escaparse por los recodos del río este Camilo tan poco devoto de San Luis y San Ramón y que ahora nos sube por las ramas de su árbol genealógico, penetrando otras frondosidades para trinar su propia historia y la de los que de alguna manera se insertan o rozan en su circunstancia.
Y aquí está en cuerpo y alma él y los demás, vale decir, los de sus afectos y sus odios porque, Camilo, como buen guayanés desciende de corso, sabe querer, pero también aborrecer. Aborrece todo lo que no cuadra con sus propios patrones de conducta tradicional, pero sin llegar a la violencia, ésta la deja a quienes no lo aceptan o toleran. En todo caso, siempre lo encuentran armado de la palabra. Para odiar usa el filo de su lengua viva, oportuna y desconcertante. No sé si ligarlo con Nash en este reproche a su hijo: "Cualquier chiquillo en la escuela puede amar como un botarate; pero el odio, hijo mío, es un arte'
Américo Fernández

lunes, 31 de diciembre de 2012

LIBRO DEL ABUELAZGO / Luz Machado

            Luz Machado nos entrega su vigésimo cuarto libro (libro del abuelazgo), editado por “Pen Club de Venezuela” que dirige José Ramón Medina, en su “Colección Plural de Poesía” bajo los auspicios del Conac.
            Poesía diversa, pero en un sólo tono: el proceso de la ultimidad que a través de lo poético va registrando la memoria.   La aparición de los hijos, y de los hijos de los hijos que consolidan el abuelazgo en una marcha sin regreso.  La memoria abre cominos nostálgicos azuzada por abrojos en un laberinto de dudas que no logra despejar la reflexión.  Los momentos son imprevistos.  La poeta se detiene o hay algo que  la detiene en cualquier  instante, rompiendo la monotonía con disgresiones circunstanciales.  De allí la frase preliminar de Ortega y Gasset,  al comienzo: “Preferimos sobre a tierra una indócil diversidad a una monótona coincidencia”.
            Está integrado el “libro del abuelazgo”  por cinco conjuntos de poemas:  De buena fe, El anillo sucesivo, En alta noche, Todos los días del Sol y Metal bruñido.
            En el primero, la poeta empieza a ubicar la casa donde nació un día de eclipse junto al río, sin vanidad  ni orgullo, pero marcada por la poesía.  Luego va saltando en el tiempo de su escritura y devolviéndose  para proseguir de nuevo en un  intento por darle continuidad a tantas cosas vistas y vividas.  La memoria es un gran  recurso para vivir lo vivido, y lo vivido por más divertido que haya sido, siempre será nostálgico.  Por ello, la memoria tiene allí en el libro un canto triste cuando se da cuenta que todo ha envejesido, incluso el clásico óleo ingenuo que congela la rigurosa estampa de otros tiempos dominados por los rigurosos  ritos de la iglesia, no importa que el río siempre esté allí, poco vale que sea marzo o febrero.  Agazapado y felino, podrá discurrir sin sentire desde el balcón de las doce ventanas.
            Y aunque se halla inventado el bronce al aire libre, el tiempo no perdonará  porque previamente se ha  cuidado  de tallarnos en la propia piel y “mientras el tiempo nos viste imperiosos / Nada hay que no pueda hacerse/ después del olvido/ Aunque falte el pan con el saludo/del rostro en la mañana/ y la mujer despierte entre pinceles/ y tazas y destinos”.
            Regresar, doblegar el tiempo? Imposible.  Sólo el alma es capaz de sostenernos “como un Dios cultivado el propio cuerpo”.  Y la soledad es inevitable.  Por eso la poeta no busca compañía porque de todas maneras ésta “llegará con sus pañuelos rosados de cuarzo/ y hontanares de  granito azul”.
            El segundo conjunto de poemas “Los anillos sucesivos”, empieza por un reproche al Río “testigo ciego de tantas muertes”, dedicado a su hija Nora; Amanecer de pájaros, a su hija Luz.  A Jeannette, el “vuelo de las golondrinas”; a Mariela, “alero al aire”, a Gonzalo, su único hijo varón, “Espuelas nuevas”; y a Dulce, “gatos bordados”.
            El tercero “En alta noche” son siete poemas, donde siempre está presente la figura inevitable de la muerte asediando después de la mesa alegre o del rito de la catedral donde la música de s hermana emerge inconfundible por los junco irreales del armonio buscando imposibles espacios a través de los vitrales, hasta que se lleva a su madre, al asceta de su padre,  a Tiulin Tiulin, su tía Elina.
            Concluye con “Todos los días del Sol”, su entrada al abuelazgo que se inicia con Max Alberto y quien le abre la puerta del otoño. Luego viene una constelación frente a la cual se siente como un espejo roto.  Continúan los bisnietos.  Entonces la poeta siente de veras que le corre el tiempo “como el hilo de la media/ incontenible/ Hacer/ para dejar de hacer/ me pinta en blanco finísimo/ otra hebra gris sobre las sienes/ Quien  pudiete/ tejerse el ánimo de cada día/ sin signaturas ni adversidad/ solo para reconocer/ enteros/ vivos/ camino y desmayo/”.
Américo Fernández

            Acápite: La poeta Luz Machado vino expresamente de Caracas para presentar “el libro del abuelazgo” en la tertulia literaria de un miércoles, abierta al público,  4 de febrero, en la sede de la AEV, Casa de la Poesía.

domingo, 30 de diciembre de 2012

REMEMBRANZAS / Elías Inaty


Elías lnaty incursiona con este libro en la narrativa vivencial y lo hace a punto de los ochenta, edad sublime para añorar el pasado con la tierna madurez de la experiencia.
Desde Cartagena de Indias donde nació en 1919 lo trajo su padre y en la Angostura del Orinoco se ha quedado hasta nuestros días. Aquí estudió y se hizo preuniversitario hasta que alcanzó el título de Pediatra en la Universidad Central de Venezuela.
Ejerció la medicina privada, la medicina pública, y la docencia en la Escuela de Medicina de la Universidad de Oriente, en la que fundó  la Cátedra de Pediatría en 1964 y de donde salieron dos libros que cubren su ausencia de jubilado  en las aulas; Pediatras, Premio Nacional de Pediatría "Pastor Oropeza" y textos obligatorios de la Unidad de Ciencias de la Salud.
Indudablemente que como pediatra, el doctor inaty ha salvado muchas vidas, y en calidad de docente, contribuido a formar Médicos a lo largo de dos decenios. Pionero junto con Carmen Luisa Arocha de Piñáhgo, de la Fototerapia en Venezuela y también iniciador de la presencia permanente de la madre al lado de su hijo enfermo en el Hospital Universitario Ruiz y Páez, partiendo del principio social de qué el niño cuando está enfermo es cuando más necesita a la madre. Hasta entonces el niño hospitalizado sólo recibía el calor de su madre tres veces por semana.
Sin necesidad de militar en partido, ha desempeñado cargos político-administrativos como el de miembro del Directorio de la Corporación Venezolana de Guayana y Presidente, en ejercicio de la representación popular, del Concejo Municipal de Heres.
Fue durante varios años Presidente de la Asociación de Escritores de Venezuela, Seccional Ciudad Bolívar, y miembro  del Consejo Superior de la Fundación del Museo de Arte Moderno 'Jesús Soto". Cargos que denotan su constante preocupación por la cultura bolivarense, particularmente por las letras, a la que le ha dedicado su libro "Las Cenizas del Día" con raíces en el surrealismo de André Breton que en Ciudad Bolívar tenía novedosos seguidores, como el propio Inaty, Alarico Gómez, Jean Aristeguieta, Arquímedes Brito y José Ramón del Valle Laveaux, integrantes del grupo literario "Aureoguayanos", opuesto a la poesía tradicionalista y contra el cual se enfilaron entonces unos cuantos arcabuces, entre ellos, el de un misterioso columnista del vespertino "El Luchador" llamado Juan Manuel Kepler Ruiz.
Después de "Cenizas del Día", Inaty ha publicado "Tiempo Recio" y "Rumor de la Memoria", todos poemarios. Ahora incursiona en la narrativa vivencial con este libro "Remembranzas" que recorre veinte años de infancia y adolescencia entre las crecidas y estiajes de una ciudad que siempre ha vivido frente al río.
Américo Fernández